Identidad Puebla
Puebla, Pue.- En distintas regiones de la geografía poblana los colores y olores de su comida enamoran a más de uno. Sus platillos emblema, como el mole y los Chiles en Nogada, sólo son la cereza del pastel, pero hay más sabores en pueblos y municipios.
Los guisos nacidos en conventos de monjas se mezclan con aquellos surgidos en tierras indígenas con sazones europeos; durante el año que concluyó, Identidad Puebla recorrió sitios donde la gastronomía es una delicia.

Muéganos poblanos, experiencia irresistible
En Puebla la palabra muéganos rompe el imaginario, no son los pedacitos de masa de buñuelo pegadas con caramelo que se vienen a la mente cuando los mencionan. Aquí hay una receta propia y única.
En las dulcerías poblanas hay dos tipos de muéganos mostrados a quienes se acercan a probar nuevos sabores; entre los camotes y las tortas de santa clara, son unos panecillos rectangulares fabricados con harina de trigo, anís, manteca de cerdo, sal y canela, horneados y bañados con jarabe de piloncillo y canela, unos de los los que más destacan.
¿Los creadores? Se dice que fueron los monjes del antiguo convento de Huejotzingo, quienes lo incluían como postres en las comidas que servían.
Los vinos curativos de Chignahuapan
Chignahuapan, Pue.- Hierbas amargas, frutos dulces que cuando amalgaman se convierten en bebidas añejadas hasta por 15 años en barricas de roble francés o americano que, con tonos amaderados, extasían a locales y turistas en Chignahuapan.
Al bajar unas escaleras de caracol en el centro gastronómico y cultural “Casa Esmeralda” en este Pueblo Mágico, los visitantes descubren un cava de vinos frutales y herbales que, consumidos asiduamente, apaciguan a los que hacen muinas y corajes.
Son una mescolanza de sabores, pero también de antiguos saberes que tienen su origen en la curandería de Guadalupe Martínez, abuelo de Guille, mujer que representa a la cuarta generación que se dedica a elaborar bebidas para el alma y el corazón.
El súper mole poblano
El mole poblano es el ajonjolí de todas las fiestas mexicanas, acompañado con pollo y arroz, se ha convertido en la joya de la corona de la gastronomía local.
El mole normal es molido con agua y debe prepararse el mismo día; los ingredientes locales sin conservadores ni esencias hacen que almendrado y sin ellas puedan durar hasta un año conservando su frescura.
Xole, una bebida ancestral
Un sorbo de xole, un atole negro, no sólo lleva consigo un secreto culinario que ha pasado de generación en generación por siglos, sino también la historia e identidad de los pueblos ubicados en la Sierra Norte de Puebla.
Se trata de una bebida prehispánica poco común, que sólo puedes encontrar en estos pueblos durante las fiestas patronales o las ferias, una especie de atole de maíz, cuya receta ha logrado mantenerse de generación en generación, en municipios como Teziutlán y Chignautla.
En este último, sus pobladores han buscado no sólo preservarlo, sino darlo a conocer a más comunidades y compartir su receta.
El pozole estilo Matamoros
El pozole blanco estilo Matamoros es único: hecho con carne de puerco y maíz cacahuazintle, ha pasado del paladar de los dioses, sacerdotes e integrantes de la nobleza de las culturas prehispánicas al de los mortales y mestizos.
A diferencia de otras recetas de otros puntos del país, en Izúcar de Matamoros, el platillo de origen prehispánico se prepara con la cabeza del cerdo, es acompañado con orégano, chile piquín o de árbol, limón y cebolla. No hay otra guarnición extra, ni lechuga ni rábanos, quizás una tostada o tacos dorados de queso.
En las nuevas variaciones, el puerco es sustituido con pechuga deshebrada de pollo, pero con la receta original en la que la única condición es no acompañarlo con más condimentos que no sean el orégano y el limón.
Nieves de Atlixco, una caricia al palada
Dicen que el mejor clima del mundo está en Atlixco, pero la frase que invita a visitar el Pueblo Mágico tendría que ser completada con un ‘y también tienen las mejores nieves del mundo’.
A 33 kilómetros de la capital poblana, el lugar, entrada hacia la mixteca, cuenta con muchos atractivos que lo convierten en uno de los puntos turísticos por excelencia del estado, aunque poco se habla y más valor tienen sus nieves y helados.
Opciones hay muchas, pero en todas hay lo suficiente para consentir al paladar. Después de haber comido una rica cecina en el mercado, el siguiente paso obligado en el menú para quitar los sabores de la boca son las nieves.
Chipilo, sabores italianos
La única forma de llegar es por la carretera federal a Atlixco y desde que te vas acercando, sabes que dejaste de estar en Puebla y te adentraste a un pedacito de Italia.
A tan solo 15 kilómetros de la capital poblana, un pueblo donde los habitantes son personajes que viven en una Italia de finales del siglo XIX, comen polenta y hablan un arcaico véneto, dialecto del noreste italiano, que luchan para que se reconozca como lengua indígena.
